Si la abstracción supuso una de las grandes conquistas del arte de principios del siglo XX, es a partir de mediados de siglo cuando se produce la eclosión de este lenguaje ajeno a referentes naturalistas. Conquistada la expresión abstracta, los artistas se lanzan a la experimentación de las composiciones, las formas, los colores, las materias, las construcciones o las descomposiciones.
En este pequeño gabinete, en el que se provocan algunos de los posibles diálogos en la abstracción, se encuentran muestras de ejercicios que exploran la materia, como los de André Masson o el del mallorquín Juli Ramis, de gestos sutiles y líricos en la expresión más informalista, de los cuales es un ejemplo Jean Fautrier o Hans Hartung, de lenguajes que transitan los territorios de las geometrías y sus posibles derivaciones, como es el caso del propio Ramis o de Pablo Palazuelo, y la potencia expresiva de las composiciones más radicales de Nicolas de Staël.
En este pequeño gabinete, en el que se provocan algunos de los posibles diálogos en la abstracción, se encuentran muestras de ejercicios que exploran la materia, como los de André Masson o el del mallorquín Juli Ramis, de gestos sutiles y líricos en la expresión más informalista, de los cuales es un ejemplo Jean Fautrier o Hans Hartung, de lenguajes que transitan los territorios de las geometrías y sus posibles derivaciones, como es el caso del propio Ramis o de Pablo Palazuelo, y la potencia expresiva de las composiciones más radicales de Nicolas de Staël.







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