Comisariado: Soad Houman, Catalina Joy
Con la llegadadel siglo XIX, la isla de Mallorca se convirtió en el destino escogido por escritores y artistas no sólo de España sino también del extranjero. Con la consolidación del romanticismo en Europa, caracterizado por la exaltación de la naturaleza y el gusto por el exotismo, surgieron los libros de viajes, que contenían descripciones detalladas de los lugares visitados, generalmente acompañadas de ilustraciones realizadas por el propio autor o por terceros, siempre a partir de sus indicaciones. Las Illes Balears, alejadas del fenómeno de la Revolución Industrial y de la modernización que ésta supuso a todos los niveles, mantuvieron prácticamente intacto su territorio, hecho que fomentó una visión idílica de Mallorca en Europa, tal y como reflejaron, por ejemplo, la escritora George Sand, que viajó en 1838 acompañada de Frédéric Chopin y que posteriormente publicó Un invierno en Mallorca; el Archiduque Luís Salvador de Habsburgo-Lorena y su vasta obra de carácter enciclopédico, Die Balearen. In Wort und Bild geschildert, publicada en Leipzig entre 1869 y 1891; o Gaston Vuillier en Les îles oubliées. Les Baleares, la Corse et la Sardaigne, obra publicada en Francia en 1893.

En el ámbito artístico, el contexto mallorquín en el siglo XIX se encontraba vinculado al romanticismo y el realismo francés, con el retrato, el género costumbrista, la pintura de historia y el paisaje como principales géneros, este último defendido como género independiente por el pintor y académico mallorquín Joan O’Neille en su Tratado de paisaje (1862). Sin embargo, entre los últimos años del siglo XIX y el primer cuarto del siglo XX, destacados pintores procedentes del territorio español y del extranjero ―principalmente de Catalunya y Argentina― recalaron en la isla atraídos por su naturaleza y pusieron las basesde la renovación del género del paisaje. Las diferentes visiones de estos artistas en torno a este género, gracias a los cuales se introdujo el modernismo y el simbolismo en Mallorca, junto con la tradición pictórica mallorquina vinculada al academicismo, son recogidas en la exposición temporal organizada por Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma: «Mallorca y la interpretación del paisaje. Obras de la colección de Es Baluard».

Mallorca, descrita como la «isla de oro» por Rubén Darío (quien realizó su primer viaje a Mallorca en 1906), o «L’illa de la calma» (la isla de la calma), tal y como la definió Santiago Rusiñol en su conocida obra publicada en 1913, es la protagonista de la presente selección de 29 pinturas procedentes de la Colección permanente de Es Baluard. Realizadas entre 1872 y 1934, las obras seleccionadas muestran la representación del paisaje natural mallorquín (en especial, la Serra de Tramuntana: Bunyola, Deià, Valldemossa, Sóller, Pollença…) y el entorno urbano de la ciudad de Palma de Mallorca, reflejando las dos corrientes artísticas vigentes en la isla.