• Foto: Natasha Lebedeva, 2012
  • Rafa Forteza, 'Buen presagio OTTO – 6', 2015. Colección particular. © de la obra, Rafa Forteza, VEGAP, Palma, 2015. © de la fotografía, David Bonet.
  • Rafa Forteza, 'En medio de un parque protegido-cubierto 1', 2010. Es Baluard. © de la obra, Rafa Forteza, VEGAP, Palma, 2015. © de la fotografía, Joan-Ramon Bonet & David Bonet.
  • Rafa Forteza, 'Otear II', 2001. 195 x 162 cm. Colección particular. © de la obra, Rafa Forteza, VEGAP, Palma, 2015. © de la fotografía, David Bonet.
  • Rafa Forteza, 'Rozar aire B', 2015. Colección particular. © de la obra, Rafa Forteza, VEGAP, Palma, 2015. © de la fotografía, David Bonet.
  • Rafa Forteza, 'Tierra que huele a tierra', 2007. Colección particular. © de la obra, Rafa Forteza, VEGAP, Palma, 2015. © de la fotografía, David Bonet.
Foto: Natasha Lebedeva, 2012

Rafa Forteza. El tremolor de la màscara (El temblor de la máscara)

Lugar: Planta 0

Rafa Forteza (Palma de Mallorca, 1955) es uno de los artistas más significativos para entender el devenir de la pintura en España en las últimas décadas y esta exposición muestra cómo se condenó a sí mismo a conducir hacia un mismo lugar expresiones sintácticas diferentes, proyectando un espacio intersticial que acoge fricciones y discontinuidades en medios como la pintura, el dibujo, el grabado, la escultura y la instalación.

En la exposición, el espacio expositivo de Es Baluard funciona como el estudio del artista en el que se exhibe una serie de obras representativas de su trabajo desde principios de los noventa hasta hoy, pero también una manera de crear que nace de una necesidad interior que actúa como característica de obras formalmente diferentes, como hilo conductor. Así, el título de la muestra, «El tremolor de la màscara» (El temblor de la máscara), ha sido tomado de unas palabras que Antonio Saura dedicó al artista y busca señalar esa idea de la pintura y el arte como algo que se esconde pero se enuncia, algo que emerge pero se contiene como enigma, que caracteriza toda la obra de Rafa Forteza.

En sus obras más recientes Rafa Forteza actúa desde el grito babélico del color, pero la sensación abismal es la misma que se daba en sus obras más silenciosas, más austeras cromáticamente, y que caracterizaron sus años noventa. Algo así como la música de jazz que ininterrumpidamente irradia otra conjunción simbiótica en el interior de su estudio, se trata de un abismo cadencioso, musical, armónico. La materia original de todas estas disciplinas es la misma, una materia desconocida, oscura, que no acertamos a adivinar. Por eso el montaje de esta exposición se concibe como la antesala de un enigma: la del artista en su estudio. El estudio del artista, como esta muestra, es a la vez un camino líquido y un espacio tembloroso lleno de objetos que acaban siendo descorporeizados en un todo común gracias a su integración plena en ese espacio. La desintegración de las formas por la atomización del color es algo que se da también en sus pinturas. La imagen se consume y el espacio, como el cuadro, se declina a modo de superficie convulsa, como una topografía de signos errantes, fluidos, sobresaturados, líquidos.

En la pintura de Rafa Forteza las imágenes se deslizan, cristalizan en la superficie. La exploración previa y su manera de trabajar empáticamente con el interior de la superficie nos recuerdan cómo el conocimiento, la experiencia, se construyen activamente a base de fragmentos. Si en su obra existe una certeza, es la del movimiento, pero también la del ejercicio de mirar de un espectador que ha de conformar su posición activa una vez que lo que se nos muestra es enunciado con relación a otras formas posibles. Como quien explora interiormente el proceso de crear, Rafa Forteza asume lo procesual al entender que la obra debe abrirse a cierta fascinación por el enigma, abrirse a nuevas posibilidades de sentido, de ahí que el recorrido del espectador en la muestra, a modo de ciencia del comportamiento, resulta fundamental.

En cuanto al color, cada vez es más decididamente no naturalista, aunque paradójicamente más verdadero, más fiel al presente fluorescente de un mundo cada vez más informatizado. Mientras, sus esculturas se acercan a la concepción de los penetrables de Hélio Oiticica y conviven con una pintura que sale del espacio y se relaciona con la arquitectura en tanto que funda ese espacio. El espacio entre obras es, así, un lugar con tiempo, una vivencia estética, laberíntica en su relación con las sensaciones. De ahí la importancia de que muchas de las obras de Rafa Forteza puedan colocarse y situarse de modos diferentes, dejando al receptor esa opción. También que muchas esculturas se sitúen enfrente de sus pinturas, para que dialoguen con ellas y se fundan en afortunada simbiosis. Porque en el fondo se trata de una danza, una proposición de fuga. Algo así como un jardín abstracto.

Más que un viaje, lo propuesto en esta exposición es una inmersión. La experiencia del resto. Rafa Forteza asume los fragmentos de una visión que solo puede ser discontinua. Las pinturas, esculturas y grabados de Forteza son un paisaje interior, porque no hay nada más impenetrable que la insinuación de un rostro. Las pinturas y los rostros de sus esculturas son interrogantes, enigmas low key o construcciones íntimas; libres pero rigurosamente contenidos, como un rumor escondido tras una máscara.

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Temporales
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27 de noviembre de 2015 → 6 de marzo de 2016
Producción: Es Baluard Museu d’Art Modern i Contemporani de Palma
Comisariado: David Barro

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